Del 17 al 22 de marzo 

Por Arturo Rivero

¿Quién puede estar en contra del Convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que garantiza el derecho a la sindicalización y la negociación colectiva?… Desde la perspectiva de los trabajadores, ninguno. Desde la mirada empresarial, varios.

Sin embargo, este famoso Convenio, ignorado por décadas en México y ahora ratificado, en la realidad nacional se presta para hacer trampa e implica innumerables riesgos.

Por un lado se hace justicia laboralSe le da al trabajador el derecho de formar un sindicato o de elegir al que más le convenga. Aunque, en términos de política partidista y plan de gobierno, el Convenio 98 cae como anillo al dedo si no para aniquilar, si como un detonador de división en los pocos sindicatos representativos del país.

Los grandes sindicatos, esos con capacidad de movilización, los que cuentan por miles sus membresías, representan un aliado o un peligro, según la circunstancia histórica del momento.

Para la que vive hoy México, esos gremios poderosos son de alto riesgo. La apuesta es restarles fuerza vía Convenio 98.

Divide y vencerás, es el principio que parece impulsar el Gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Desde la óptica empresarial, el Convenio 98 da un golpe brutal a los contratos de protección establecidos para evitar que un gremio de verdad represente a sus empleados con los problemas que eso podría acarrear.

Una practica cuestionable, aunque desde la mirada del empresario es una manera de protegerse ante el abuso sistemático de algunos sindicatos.

Que ironías, derechos como el de la libre sindicalización y la negociación colectiva ponen en riesgo al país.

Como Nación carecemos de madurez para su aplicación.

El Gobierno aprovecha una coyuntura para pavimentar el camino y minar la incomodidad que representan aquellos sindicatos con capacidad de movilización al promover la aparición de nuevos gremios donde ya hay uno.

Desde la perspectiva de los trabajadores hay inmadurez porque al ejercer este derecho de crear sindicatos golpearán hasta la saciedad a los sectores productivos u organismos públicos hasta conseguir conquistas laborales irracionales disfrazas de derechos ganados e irrenunciables que terminan dañando las finanzas de los centros de trabajo. Testimonios abundan de ello.

La existencia de uno o dos gremios en una misma empresa y organismo público creará división, conflicto, caos entre los propios trabajadores en aras de ganar la titularidad de un Contrato Colectivo de Trabajo o de ser el que administre los beneficios de un pacto laboral con el patrón.

Quien obtenga ese derecho de representar los intereses de las mayorías, lo defenderá por todos los medios. Quien no lo tiene, chocará una y otra vez con el que lo tiene hasta arrebatárselo.

DE SALIDA AL CHECADOR

En un país como el nuestro, el Convenio 98 creará un entorno laboral tenso y enrarecido.

El control gubernamental sobre la base trabajadora y la lucha por el poder gremial pone en riesgo el mercado laboral mexicano.

El nacimiento de sindicatos al por mayor no alienta la justicia laboral, al contrario, podría empeorarla, porque en esa guerra por la representatividad gremial los derechos de muchos serán pisoteados.

Pero,  eso no importa en Palacio Nacional, donde estarían encantados que en aras de la libertad sindical y la libre sindicalización los trabajadores se dividan y se peleen como perros y gatos.

http://www.elpulsolaboral.com.mx/columnas/18008/horas-extras

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