Por Arturo Rivero 

4 de marzo de 2019

Todo empezó cuando en los primeros días de enero acercaron un cerillo a un pastizal laboral en malas condiciones para que prendiera. Comenzó a quemarse.

De inmediato avisaron a las autoridades de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, para apagar el fuego, pero hicieron caso omiso.

Al amanecer aquel pastizal había prendido; fuego que alcanzó a otro y otro hasta que aquello se convirtió en un terreno en llamas.

Más de 45 empresas maquiladoras estallaron huelgas en Matamoros, Tamaulipas.

Se desestimó la fuerza del Sindicato de Jornaleros y Obreros Industriales y de la Industria Maquiladora. Más de 60,000 trabajadores salieron a la calle.  Presionaron a los empresarios para otorgararles incrementos salariales del 20 por ciento y un bono anual de 32 mil pesos a cada uno.

El grito de auxilio se ahogo en el camino. La Secretaría del Trabajo y Previsión Social, más preocupada por presumir mañana, tarde y noche el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”, no tomó en serio los conflictos en el norte del país.

Fue tal el abandono con dolo o no,  y la presión, que los dueños de las maquiladoras accedieron a cumplir las demandas por el temor a un colapso mayor al no cumplir con los contratos establecidos relacionados con su producción.

No hubo mesa de diálogo ni de negociación. Fue prácticamente a punta de pistola como lograron los líderes gremiales doblar a los empresarios.

Así se fija una nueva manera de dirimir las diferencias laborales. A sombrerazos, a empujones, a amenazas, a gritos. “O me das lo que te pido o te estallo una huelga”.

Y del otro lado lo mismo: “Me las vas a pagar”…Ese me la vas a pagar es, una vez resuelto el estallamiento, correr a los empleados.

Hay que ver lo que pasa en Matamoros donde de las 45 empresas que estuvieron involucradas, 13 anunciaron que se van del país dejando en la calle a por lo menos 30 mil trabajadores.

Las revisiones salariales y contractuales han sido tomadas como rehenes para conseguir otros objetivos. 

El mal ejemplo cundió. Ahora las revisiones parten de la misma exigencia del norte: “Queremos 20 por ciento de incremento salarial”.

Desde entonces una cascada de huelgas se registran.

En dos meses han estallado varios conflictos, como en las universidades del país: la Autónoma Metropolitana que lleva más de 30 días sin actividades; el Colegio de Bachilleres; Colegio de Posgraduados; Universidad Narro; Universidad Autónoma Chapingo.  Y en otros frentes como la Alcaldía de Pachuca; Hospital de la Mujer, Coca Cola Matamoros y la que podría ser la madre de todas las huelgas, en la cadena Wal-Mart de México programada para el 20 de marzo. 

Los trabajadores tienen todo el derecho de exigir mejoras laborales, pero también hay que decirlo, su necesidad legítima termina por convertirse en una bandera política para conseguir otros fines.

DE SALIDA AL CHECADOR

A río revuelto, ganancia de pescadores, dice un vieja frase que encaja perfectamente en la batalla que  libra Napoleón Gómez Urrutia, Senador de la República, líder de los trabajadores mineros y Secretario General de la flamante Confederación Internacional de Trabajadores y los viejos dinosaurios sindicalistas encabezados por Carlos Aceves del Olmo e Isaías González Cuevas de la CTM y la CROC, respectivamente,  por el control del movimiento obrero del país.

Ambos frentes aprovechan la coyuntura para atizarle al fuego salarial.

Le echan más leña para que prenda más y más. Buscan que cada revisión salarial o contractual sea rehén para demostrar músculo; quien es quien y negociar apoyos empresariales para aplastar al enemigo.

Napoleón Gómez Urrutia y Pedro Haces, dos peces pesados y las nuevas figuras emergentes del sindicalismo de Morena, contra Aceves del Olmo y González Cuevas, del viejo PRI, que se niegan a morir dando en este momento golpes a diestra y siniestra. 

Tan se niegan que Don Isaías ha desafiado al poderoso Wal-Mart de México en esta lucha a muerte por el control gremial.

La famosa paz laboral de membrete o no, se acabó.

La ausencia o incapacidad de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social por encauzar las inconformidades de los trabajadores y frenar así la politización, provocó que distintos pastizales del mercado laboral estén prendidos.

La “cosa” se salió de control. A tal grado que el propio Presidente Andrés Manuel López Obrador pidió a los sindicatos serenarse… ¡imagínese!…

La política laboral se ha centrado en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Grave error. Es una visión muy pobre, muy limitada. 

Mientras tanto, algunos pastizales laborales están en llamas amagando en alcanzar a otros y convertir aquello en una gran conflagración.

En riesgo eso que llaman los sindicatos y el propio gobierno: bienestar de los trabajadores, que a decir verdad, hasta hoy es lo último que les importa. 

 http://www.elpulsolaboral.com.mx/columnas/17849/horas-extras

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