Columna de Hierro

por Sergio Ibarra

06 de Enero 2019 · 10:31 hs

Cuando sospecho que los días de Carlos Romero Deschamps como dirigente del Sindicato Petrolero a nivel nacional están contados es que porque ya me enteré que ante la reforma a la Ley Federal del Trabajo que estará entrando de un momento a otro, no solo la cabeza de la Ramera Deschamps rodará por los suelos.

Es casi un hecho que la misma suerte habrá de correr aquellos ‘dirigentes’ actuales que difícilmente podrán cumplir con las exigencias que presentan las modificaciones y que ya fueron presentadas ante el Pleno de la Cámara de Diputados por la bancada de Morena.

Del mismo modo habrán de poner pies en polvorosa aquellos cínicos sujetos que sin antes haber trabajado en una maquila o haber agarrado una pala, se hacen llamar, muy pomposamente dirigentes de los trabajadores de las maquiladoras o de los trabajadores del campo y de la construcción.

Y son, además, como lo exige la nueva ley que estará entrando en vigor en cuestión de días más, enemigos de andarles rindiendo cuentas a sus ‘agremiados’ y detestan aún más, el que las bases los elijan de manera libre y democráticamente.

Prefieren más apegarse al viejo estilo gansteril que los llevó al cargo y eternizarse en la dirigencia del sindicato, como si de veras, fueran la última coca en el desierto y aplastar, de la manera más abusiva y prepotente a quien se atreva a presentarse como candidato a la mayoría de estos sindicatos, afiliados, como tenía que ser, a la Confederación de Trabajadores de México, la CTM, organización que, aquí entre nos, estaría destinada a desaparecer, lo mismo que aquellos sufridos dirigentes que todavía a estas alturas del Siglo XXI insisten en seguir pegados a las enseñanzas de Fidel Velázquez, la ‘Güera’ Rodríguez Alcaine o el actual patriarca Carlos Aceves del Olmo, solo por citar a lo más degradante de la camarilla que de siempre vivió incrustada en las costillas del sistema, saltando de una cámara a otra, mientras que el obrero, su representado seguía y sigue en las misma, merced el charrismo y la simulación que se ha hecho de siempre al interior del sindicato que usted guste o mande.

¿Alguna duda?

Es cuestión de darse una vuelta por las maquiladoras de Cajeme y el sur y norte del Estado para darse cuenta que la mayoría de los obreros ni siquiera tienen en claro el nombre de su ‘dirigente’ y si alguna vez estuvo con ellos, codo a codo, trabajando las extenuantes jornadas a que son sometidos.

Son los líderes naylon, de relumbrón, los ‘pachucos’ perfumados que el único contacto que tienen con los trabajadores es a través de la nómina para sus respectivos descuentos.

Nada de ofrecer cuentas, nada de llamar a elecciones que traiga sangre nueva a la organización sindical.

Y al que no le guste, la clásica y estúpida salida de siempre:

La puerta se abre hacia ambos lados.

Hacia afuera o hacia dentro.

Nomás que ya te la sabes; aquí no hay lugar para los ‘grillos’ o politiqueros de baja monta.

Aquí se hace lo que indica el jefe el que está para defender los intereses de la ‘fuente de empleo’.

Lo demás es politiquería barata.

Volviendo con la reforma de referencia, esta crea el llamado Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral y establece sanciones para los servidores públicos y abogados que cometan irregularidades.

Y lo peor.

O, lo mejor, según sea el caso.

La iniciativa de ley secundaria para la reforma a la Ley Federal del Trabajo sienta las bases para que los trabajadores elijan de forma democrática a sus líderes sindicales y les exijan cuentas y obliga a los sindicatos a entregar por escrito a cada uno de sus miembros el informe de todo lo relacionado con su patrimonio.

Es decir, por fin, los trabajadores podrán saber de qué son dueños y en qué se han invertido buena parte de las cuotas que religiosa y obligadamente (¿o hay otra manera que no sea voluntariamente a webis?) les son descontadas de su raya.

Y no solo eso.

A partir de que entre en vigor la referida ley, se acabaron también las injerencias de patrones y el Estado en asuntos de los sindicatos de los trabajadores a los que de paso se les refrenda y amplia el derecho de construir las organizaciones que estimen convenientes.

Igualito, exactamente como ya ocurre en el caso del espectáculo en donde desde hace mucho, se creó la Andi, la Asociación Nacional de Autores Independientes, en contraparte a la Anda, la Asociación Nacional de Actores o, para no ir muy lejos, aquí en Cajeme en donde, además del Sutsac, existe el Sutoc, el Sindicato que agrupa a los trabajadores del Omapas y otro de reciente creación.

Y no crea usted que se descubre el hilo negro con algunas de las disposiciones que vienen a partir de las reformas que están por aterrizar, lo que ocurre que solo existen en teoría y en el papel, solo que no se aplican y no se atienden como sucede con la mayoría de los preceptos constitucionales.

Aquí un botón de muestra:

Reconoce entre otras el derecho de los trabajadores para organizarse libremente en la forma y ámbito que ellos decidan; establece que, en el registro de los sindicatos, federaciones y confederaciones, así como en la actualización de las directivas sindicales, se observen y prevalezcan los principios de autonomía, equidad, democracia, legalidad, transparencia, certeza, gratuidad, inmediatez, imparcialidad, así como de respeto a la libertad sindical; exige que, en materia de registro y actualización sindical, impere la voluntad de los trabajadores y el interés colectivo sobre los aspectos de orden formal.

Igualito que en Tucson.

Por lo pronto y en calidad de mientras ayer le fue negado ‘su toma de nota’ por parte de la Secretaría del Trabajo a Romero Deschamps, lo que prácticamente lo pone en ruta del patíbulo y el resto de aquellos que se han venido enriqueciendo y eternizándose en las dirigencias de sus sindicatos, ya han empezado a poner sus micrófonos en remojo.

https://www.tribuna.com.mx/opinion/Bueno-bueno-probando-probando-no-solo-la-cabeza-de-Romero-Deschamps-se-halla-en-capilla-20190106-0009.html

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