Aflojada la resistencia de México y Canadá ante las posiciones irreductibles de Estados Unidos para renegociar el Tratado de
Libre Comercio de América del Norte en afán de aceptar los
goles a cambio de cerrar la mesa antes de julio, ya saltó otro jaque, en este caso contra nuestro país

La poderosa central de trabajadores de la nación del norte, AFL-CIO en alianza con nuestra Unión Nacional de Trabajadores está colocando el tema de la asimetría salarial en el centro de la mesa.

La vía fue el Departamento de Trabajo del país de las barras y las estrellas con vista a la oficina supervisora del Acuerdo Laboral de América del Norte, firmado a la vera de la negociación original, según ello para mejorar los estándares salariales.

Las entrelíneas hablan de que las raquíticas percepciones de los trabajadores mexicanos constituyen una ventaja competitiva a cuya pauta se han trasladado al país firmas canadienses o estadounidenses.

Hace unos días augurábamos el golpe en este

espacio, en un marco en que el fuego es cruzado.

Los asistentes al Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, se toparon con la publicación del Índice de Desarrollo Incluyente en cuyo escenario nuestro país aparece en el número 24 de 74 explorados, pero con la anotación al calce que la parte más débil es la brecha de ingreso, nivel de pobreza y evidente disparidad económica.

Aceptada por México la propuesta de incorporar a la renegociación los temas ambiental y salarial, Estados Unidos y Canadá incluyeron como parte interesada a sus principales sindicatos.

Naturalmente, éstos empezaron a hacer ruido. De pronto, el presidente de uno de los más infuyentes de Canadá, Unifor, Jerry Díaz, lanzó el dardo: “No podemos tener un acuerdo trilateral donde el salario mínimo en México es de 0.90 la hora, cuando debía llegar a cuatro dólares”.

En la ruta, la propia AFC-CIO planteó un alerta frente a la colocación en escena de una iniciativa planteada por dos líderes sindicales de México, Tereso Medina e Isaías González, que de aprobarse le abriría la puerta a la posibilidad de que todos los empleados de una empresa pudieran ser contratados por una tercería u outsourcing, bajo la certeza de que éstas apuntan a bajos salarios y escatiman prestaciones sociales.

De hecho, el tema fue uno de los sustentos para la queja conjunta con la UNT.

La rendija para pactar el Acuerdo Laboral de América del Norte en que se colocaron parámetros salariales mínimos a título de umbrales fue el cambio de gobierno en Estados Unidos tras haberse rubricado la negociación del TLCAN.

El Partido Demócrata sustituía al republicano, es decir llegaba a la Casa Blanca William Clinton en relevo de George Bush, lo que obligó a darle un toque adicional al pastel, a título de Acuerdos Complementarios o Suplementarios.

Los temas fueron justo el salarial y el ambiental.

El texto hablaba de “mejorar las condiciones de trabajo y los niveles de vida, además de proteger y hacer valer los derechos básicos de los trabajadores”.

La evaluación la haría un Comité de Expertos, algo así como un órgano de arbitraje, por más que en los primeros 10 años sólo se plantearon 28 casos, la mayoría por sindicatos estadounidenses o canadienses contra México.

El jaque regresa intacto.

http://www.eluniversal.com.mx/columna/alberto-barranco/cartera/otra-pildora-envenenada

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