“Lo que no soy, ni seré jamás, es ser traidor a mis convicciones, a mi clase, a mi pueblo y a mi patria, cualesquiera que sean las circunstancias que la vida me depare”

A propósito de la celebración mexicana del “Día de los Muertos”, que se celebra el 2 de noviembre, vale la pena recordar a un sindicalista que hizo historia y que ya no se encuentra entre los vivos.

Demetrio Vallejo nació en el Espinal, Oaxaca, 1910. Ferrocarrilero de cuerpo alma y corazón hasta su muerte.

Hacia mediados de los años 50 del siglo pasado la dirección del sindicato ferrocarrilero al que pertenecía Vallejo estaba en manos de líderes corruptos al servicio de la patronal. Los efectos de la inflación habían deteriorado el poder de compra del salario de los trabajadores por lo que había agitación en el mundo laboral principalmente entre los integrantes de los sindicatos de maestros y petroleros. El descontento se hizo presente entre los trabajadores ferrocarrileros y fue así como empezaron a demandar un aumento de salarios. El sindicato en esa época era dirigido por Alfonso Díaz de León, aficionado a la charrería por lo que le gustaba vestir de charro, de ahí la analogía entre líder sindical traidor y la figura del charro. Nació la expresión “charrismo sindical” que define a los líderes sindicales coludidos con los patrones y el gobierno.

La dirigencia del sindicato quiso manipular el descontento y negoció un aumento inferior al que reclamaban los trabajadores. En 1958, Vallejo fue nombrado presidente de la Gran Comisión pro aumento de salarios del sindicato ferrocarrilero. Los trabajadores de ferrocarriles desconocieron a sus líderes formales y estallaron un paro nacional obligando a la patronal y al gobierno a conceder su petición.

Al realizar elecciones, julio de 1958, para elegir al nuevo comité nacional del sindicato, Vallejo fue electo secretario general por 56 mil votos a favor contra 9 de su opositor. Una victoria por la democracia sindical.

Con una dirección comprometida con los intereses de los trabajadores el sindicato emplazó a huelga, por demanda de mejoras laborales, esta estalló en los primeros meses de 1959. El gobierno federal encabezado por Adolfo López Mateos, reprimió salvajemente al movimiento ferrocarrilero. Destituyó a la dirigencia democrática, encarceló a la mayoría de los dirigentes. Demetrio Vallejo pasó 11 años y medio en la cárcel.

En 1968 una demanda central del movimiento estudiantil-popular fue la libertad de los presos políticos. En las calles se enarbolaban miles de pancartas con la fotografía de Vallejo.

Al salir de prisión, en 1970 Demetrio Vallejo formó el Movimiento Sindical ferrocarrilero para reiniciar la lucha por la democratización de su sindicato. Nuevamente el gobierno reprimió el movimiento. A Vallejo se le ofrecieron jugosas liquidaciones para desistir de su demanda de reinstalación en la empresa. Nunca aceptó dejar de ser ferrocarrilero.

Fue diputado federal por tres meses y 24 días, por el PSUM, en 1985. Murió el 24 de diciembre de ese mismo año.

Vallejo escribió “Lo que no soy, ni seré jamás, es ser traidor a mis convicciones, a mi clase, a mi pueblo y a mi patria, cualesquiera que sean las circunstancias que la vida me depare”.

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